En los últimos años, el cannabidiol (CBD) ha ganado popularidad como una alternativa “natural” para el manejo de ansiedad, dolor, insomnio y otros malestares. Su venta en tiendas, mercados y en línea ha contribuido a su consumo diario entre personas aparentemente sanas. Sin embargo, un nuevo estudio clínico realizado en Estados Unidos ha encendido las alertas: el uso regular de CBD, incluso en dosis bajas, puede afectar negativamente al hígado.
Un reciente ensayo clínico aleatorizado y doble ciego incluyó a 201 adultos sanos que consumieron CBD durante 4 semanas, en una dosis representativa de lo que comúnmente se encuentra en productos de libre venta. El objetivo era evaluar su impacto sobre el funcionamiento hepático y las hormonas endocrinas.
Estos datos son preocupantes, ya que se observaron en personas sanas, sin enfermedades previas, y consumiendo dosis moderadas de CBD.
Existe una idea errónea muy extendida: si algo es natural o se vende libremente, debe ser seguro. Pero esta nueva evidencia muestra que incluso los productos derivados de plantas pueden tener efectos adversos si se consumen sin control médico, sobre todo si no están regulados ni estandarizados.
Muchas personas adquieren productos de CBD en mercados, ferias o tiendas naturistas, sin saber realmente su contenido exacto, la calidad de su elaboración ni los posibles efectos adversos. Algunos incluso optan por elaboraciones caseras o artesanales, sin saber que están poniendo en riesgo órganos vitales como el hígado.
Esto lo hablo en plural ya que demos estar involucrados las autoridades sanitarias, médicos y pacientes.
El estudio más reciente sobre el CBD y su impacto en la función hepática confirma que incluso los productos “ligeros” pueden tener consecuencias importantes para la salud. Esto no significa que el CBD no tenga usos terapéuticos válidos, sino que no debe consumirse sin supervisión médica ni sustituir tratamientos avalados científicamente.
Ante cualquier duda o síntoma, lo mejor es acudir con un médico especializado. La salud del hígado, como la de cualquier órgano, merece cuidado, responsabilidad y decisiones informadas